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"A mi me quedan 7 semanas...¿y a ti?". Esto es lo que nos preguntamos entre los que tenemos nuestra prueba-objetivo más o menos cerca, y es que en este momento de la temporada todo es como una cuenta atrás.

Ilusión y angustia entran en conflicto. Lo vemos tan cerca, ya le tenemos muchas ganas pero surgen dudas, algunos miedos y vemos el tiempo correr más deprisa que nunca.

Mi respuesta es siempre la misma cuando surge esta conversación en las sesiones de técnica: primero mostrarme igual de ilusionada que quien tengo delante. El reto, sea cual sea, es siempre para sentirse orgulloso. Ese orgullo de quien ha hecho el esfuerzo y el intento de querer mejorar su nado para llegar en buenas condiciones a su objetivo. Seguro que hay mejora, eso es así porque el trabajo está detrás. Pero el tiempo corre igual de rápido que hace 7 semanas. Somos nosotros los que nos encontramos en un estado emocional “peor gestionado". Luego, es momento para decir alto y claro: tranquila, haz tu día a día, hoy es lo que cuenta y hay tiempo, de sobras.

Así que, no hay que precipitarse en nada porque nada se está precipitando. Solo que lo que estaba lejos ahora está más cerca y nuestra percepción cambia.

Seguid con vuestros planes de entrenamiento y seguid dándoos las órdenes y consignas que siempre hacéis cuando entrenáis. Que nada os haga poner la atención en aspectos que antes no tenían importancia o en querer cambiar o precipitar VUESTRO plan. Una distracción puede ser, por ejemplo, un compañero que ya está corriendo 15km/semana mientras YO todavía tengo que alternar caminar y correr tranquilo porque estoy en el último estadio de una lesión que ya está casi recuperada... En este caso nuestra cabeza está pensando que fulanito está corriendo a saco y yo aquí, pringando camina y corre, camina y corre. ¡¡¡Y qué!!! Cada uno viene de puntos diferentes, somos diferentes y lo increíble es que, al final,  todos vamos a llegar al mismo sitio. Y lo vamos a disfrutar y a compartir, con lo que cada cual lleva en la mochila, eso es lo interesante. Y si por lo que sea algo externo nos impide alcanzar la meta, será duro, seguro, pero somos más fuertes que el tener que vernos obligados a renunciar a algo porque un aspecto que no dependía de nosotros y que no podíamos controlar nos ha sacado del ruedo.

Así que, mejor seguir centrado en el hoy, en lo que me toca, en lo que tengo que hacer y disfrutarlo.

Yo, cuando nado lo veo así: estoy nadando y hoy lo hago como cada día que entreno. Puede que esté más o menos cansada, que sienta molestias en alguna zona con mayor o menor intensidad, pero a fin de cuentas solo tengo que nadar. Así que mi cabeza se va a centrar en lo que necesita para nadar “rema, 1,2,3, empuja, empuja, respira, 2, 3, mira abajo, 1, 1, 1”. Mi 1 es mi remada+rolido y esa es mi prioridad. Mi respiración tiene que estar conmigo, la oigo bajo el agua, siento como el aire fresco me llena, lo aguanto dentro de mi para sentirme llena y verme con todas las fuerzas para seguir remando y aplicando en cada brazada el mejor impulso que pueda dar, ya sea para nadar a intensidades más moderadas, ya sea para completar una serie fuerte. No importa, tengo que seguir intentando lo mismo una y otra vez para estar en el hoy, acabar y mañana será otro día, otro entreno, otro momento en el que la emoción tendrá que ser controlada desde mi cabeza para saber que estoy aquí y no allí.


Tere Fullana